Como debe ser

Hoy x Hoy 31 de mayo de 2021

El sábado cerca del medio día, mientras charlaba con Eduardo Bardín para la nota del día domingo, hicimos referencia a las personas que aportaron, el año pasado para los equipos  de terapia y ahora para comprar los cascos y las máscaras, resaltando a los que se autoconvocan en estas circunstancias y merecen el reconocimiento de todos.

Si por definición la solidaridad es “Adhesión o apoyo incondicional a causas o intereses ajenos, especialmente en situaciones comprometidas o difíciles” la gente de La Madrid es extremadamente solidaria. Pero al margen de ello, hoy quiero hacer referencia a un hecho que me sorprendió y creo debe destacarse. 

La difusión de la colecta para los cascos me llegó mediante un mensaje que explicaba “el volver a reunirse” para unas nueva campaña solidaria, más o menos como fue publicado. Dentro de nuestras posibilidades, desde mi familia realizamos un modesto aporte, que como siempre pasa es compensado, simplemente con saber que nos dejaron ser participes de algo útil para quienes, desgraciadamente, lo necesitan.

Estuve en el acto de entrega de los cascos y las máscaras, al que asistieron  Lucrecia y Miriam, y a los pocos días recibí el balance final. Era muy simple, los números de lo recaudado, lo gastado y hasta el sobrante, que fue entregado a la Cooperadora del Hospital. Entendí que con eso quedaba cerrada la campaña y volverían a conectarse cuando otra necesidad colectiva los convocara y debieran difundir  su iniciativa. La sorpresa vino después, cuando al mismo Whatsapp que habíamos utilizado para informar del depósito realizado, llegó el recibo correspondiente.

No tengo dudas que quienes participan de estas campañas lo hacen con la intención de colaborar y confían en quienes están al frente de las mismas, sabiendo que entre todos se logra el fin previsto. Pero, enviar a cada uno de los que colaboraron el testimonio de su donación con un recibo legalmente confeccionado es lo que corresponde pero, nobleza obliga, excede lo que uno espera y ratifica conceptualmente el tipo de personas que son estas, que viven entre nosotros y prestan atención a lo personal y a lo de todos.

Creo que contar esta pequeña anécdota que comparto con todos los que colaboraron, es poner “blanco contra negro” y comparar como actúa la gente de bien y que sin quererlo nos remite a otros que hasta no hace tanto tiempo “manejaban” las cosas públicas y las compartidas  con criterios diametralmente opuestos. No sé si he sido claro y se identifican a quienes me refiero, a los de antes y a los de ahora.

Hubo cosas que cambiaron para bien y merecen ser celebradas, ratificando que pese a todo  esta bueno vivir en La Madrid.