La sirena

Hoy x Hoy 19 de marzo de 2022

Hace muchos años, cuando General La Madrid era distinta a la actual  y había mucha gente trabajando, el sonido de una sirena marcaba el inicio y la finalización de la tarea diaria de un grupo importante de trabajadores de las fábricas de muebles, aberturas, pisos, artículos de aluminio y pinturas de los empresarios Santos y Antonio Domina y sus socios. 

A principios de los años sesenta, cuando crearon el cuerpo de Bomberos Voluntarios, la sirena se compartía entre el trabajo y las emergencias, hasta que finalmente paso a ser patrimonio de los bomberos. 

Ahora, el ulular de la sirena tiene implícitos dos sentidos, uno de convocatoria a los integrantes del cuerpo y el otro de advertencia a la gente que en ese momento, alguien en  General La Madrid o sus inmediaciones, está atravesando por una situación de emergencia.

En la mañana del jueves, la sirena de Bomberos sonó, pero por un motivo diferente y a la vez doloroso. Contrariando la habitualidad, el ulular se produjo cuando la totalidad de los integrantes de la institución ya habían llegado, porque la convocatoria era para un momento de esos a los que no se puede faltar. Había que despedir a alguien importante en la entidad  que se había ido.

En las estructuras de tipo militar, piramidales, cuando alguien del nivel superior se retira, desde los escalones inmediatamente inferiores hay varios efectivos dispuestos a cubrir la vacante, pero en el voluntarismo las cosas son distintas, las jerarquías responden a las necesidades de establecer  cierto orden en las tareas, pero luego, en el lugar de trabajo, todos son iguales y el objetivo único consiste en ayudar a quien lo ha requerido.

En la mañana del jueves, Bomberos Voluntarios de General La Madrid despedía a Héctor Mario Simón, alguien que alguna vez encontró en la institución el lugar indicado para canalizar su vocación de servicio y darle posibilidad de trascender a su espíritu solidario.

A diferencia de la estructura militar, la partida de un bombero no tiene posibilidades de sustitución. En la familia bomberil el que se va, como bien lo definiera  Cortez, deja un espacio que no se puede volver a cubrir.

El “patón” se ha ido, dejando un ejemplo para sus pares y a quienes lo conocimos y tuvimos la posibilidad de tratarlo nos queda el desconsuelo y la certeza de poder recordarlo con numerosas anécdotas vinculadas a las explosiones de su carácter y las inmediatas salidas de buen humor.

Por eso, en la mañana del jueves, aunque muchos no lo hayan advertido, la sirena sonó distinto y  sus pares lo notaron porque sabían que era un sonido de despedida para alguien que había honrado el uniforme de bombero que durante muchos años habían compartido y ahora había quedado sin quien lo luciera.