Cuestión de respeto

Hoy x Hoy 15 de mayo de 2022

Alguien, que muchas veces opina sobre mis columnas y a quien debo el mayor respeto, me ha dicho –reiteradamente- que hay ocasiones en las que no soy directo con la forma de expresar conceptos y entonces no resulto lo suficientemente claro. Por eso en esta ocasión trataré de ser lo más concreto posible y opinaré “sin vueltas”

Poco tiempo antes del Centenario de la Creación del Partido de General La Madrid, hacia fines de 1989, entre los numerosos actos de la celebración, se encomendó a alguien vinculada al Complejo Cultural, La olavarriense Pili Nuñez, intervenir distintos lugares del pueblo con murales, en los que colaboraron,  voluntariamente, quienes quisieron ser parte de esta simpática iniciativa.

Distintos lugares de la ciudad se vieron realzados por  los  coloridos trabajos y a la sorpresa de sus descubrimientos sucedieron la habitualidad de disfrutarlos. Pero el paso del tiempo y el desinterés de  quienes debían preservarlos hicieron que lo que testimoniaba el centenario acontecimiento fuera, en la mayoría de los casos, “tapado” por otros murales que no siempre alcanzaban el valor testimonial y estético del antecesor.

Uno de los murales de “Pili” estaba en la pared de la entrada lateral del edificio del Complejo, en donde hace algún tiempo, Juanjo Kaufmann  dejo una marca de su paso por el lugar.

Como dice “el cubano” “el tiempo pasa y nos vamos poniendo viejos” y como es ley de la vida, a todos nos suceden gente joven que, no siempre, tienen respeto por lo “de antes” y arrasan sin considerar que renovar  no está reñido con el concepto de conservar. 

Esta muy bien “poner en valor” el frente del centenario edificio del Banco Comercial, pero haber tapado con una mano de látex el trabajo de un artista como Juanjo, al menos a mi me produjo  la misma sensación que tuve cuando veía como se trataban los murales del Centenario que proyectó y concretó Pili junto a la gente de aquel momento.

Esta sensación personal creo que es compartida por gente que ya lo expresó en las redes. Lo que consideramos un daño ya está hecho y es irreparable, salvo que la dignidad de quienes ordenaron  “borrar” la obra del artista local, los obligue a asumir responsabilidades y pedir las correspondientes disculpas.

No se si fui lo suficientemente claro, pero creo que las sensaciones que me producen estas “intervenciones” inconsultas de quienes actúan sin respetar a los demás, han quedado expresadas.