Adiós en desorden

Hoy x Hoy 29 de noviembre de 2020 Por Pedro Guillardoy

No sé porque, pero en todos los años que llevo leyendo Clarín, siempre empiezo por la contra tapa.  Primero los personajes de Altuna, que son hinchas de Racing; Crist y ahora Erlich.  Después deportes, policiales y entonces sí, lo trascendente del ámbito nacional.  Menos los domingos, que es “sagrado” ir de entrada a ver qué dice Borensztein. 

Ayer, el hijo de Tato, se refirió al velatorio en la Rosada y sus pormenores. Y aunque no crean, me trajo a la memoria un velatorio célebre al que fui obligado a concurrir: el de Aníbal Troilo.  

Un domingo a la noche, mayo del 75, viajé a Buenos Aires. El micro salía a eso de las veintiuna, desde la 25 de mayo (digo la calle, no el Centro de Estudio), frente a la farmacia, donde ahora está la óptica.  Me desperté en Constitución y como estaba amaneciendo, para hacer tiempo fui a desayunar y leer el diario…”Anoche murió Aníbal Troilo”. Una barbaridad, cuanto le había dado a la música de Buenos Aires y cuanto le podía dar. 

Anduve haciendo cosas durante todo el día, sin almorzar y a la noche, cansado debí optar  en donde cenar. Dos posibilidades: Pippo de la calle Paraná  o Bachín del Mercado viejo sobre Sarmiento. Elegí el primero, aunque me costó llegar, Corrientes estaba cortada y el subte no paraba en la estación Uruguay, todo era caótico. ¿Saben por qué? Porque a Troilo lo estaban velando en el Teatro San Martín. La elección de Pippo respondía a tres razones, se comía rápido, bien y en precio, era barato. 

Cuando salí, el despelote se había generalizado y el “Personal que por oficio se encarga del mantenimiento del orden público, la seguridad de los ciudadanos y el cumplimiento de las leyes”, a quien el “extinto” seguramente llamaba “yuta”, había desenfundado los “palitos de aboyar ideologías” y repartía garrotazos a granel. Entre los de adelante que estaban parados y los de atrás que corrían delante de la “cana”, yo quede al lado del kiosco de diarios de Corrientes y Paraná. 

Cuando se quiso organizar la cosa, me hicieron ponerme en la fila que llegaba a la puerta del San Martín, entraba al hall central  y respetuosamente se despedía del bandoneón mayor de la ciudad. Lo vi al “Gordo” y pasando por el Centro Cultural, fui a parar a la salida por Sarmiento. 

Era otra época, nadie se atrevía a contradecir al dueño del garrote y como a Pérez Esquivel le dieron el Nobel recién en 1980, poco era lo que se sabía de “Derechos Humanos”. 

A lo largo de los años, las cosas cambiaron y mucho. 

Imaginariamente, traje el tema a nuestro pueblo y hubiera pasado lo mismo. Recuerden Tumini o mucho más acá  a Manzano y  miren a los chicos que ahora están a las órdenes de Mario ¡Son otra cosa!. 

Eso de que “todo tiempo pasado fue mejor” no sé, determínenlo ustedes. Ahora volviendo a lo de la Rosada, ¡qué bolonqui!  No hay nada que lo justifique. ¡Un papelón!, aunque  digan que fue culpa de Larreta.

Hasta mañana.