Un año.

Hoy x Hoy 14 de diciembre de 2020 Por Pedro Guillardoy

Para mí, Alejandro Borensztein en un hijo de……Tato y lo es, también, para quienes disfrutan sus columnas dominicales de Clarín. Si por el contrario, Ud. cree que este diario  miente y que al final Moreno tenía razón, pinte, borre y en el espacio disponible ponga el adjetivo que quiera, pero cuidado, esta gente viene siendo muy mal tratada. Le volaron la embajada, ni comentar lo de la AMIA y para redondear el círculo, el Memorándum de entendimiento Argentina-Irán, firmado en 2013, entre Ali Akbar Salehi y Héctor Timerman.

Ayer, este “hijo de Tato” se refería a “estos tiempos de clases por Zoom y de aumento sostenido  en la proliferación de burros y burras”. Y como todavía no han aplicado impuestos nacionales y/o provinciales al pensamiento y en el orden local recién hoy van a tratar la ordenanza fiscal e impositiva, me puse a meditar sin temores.

Ya  había escuchado a los amigos de una FM, referirse al tema. Resulta que en General La Madrid, que estaba desde el principio entre los pocos distritos que podían arrancar con las clases presenciales y no lo hicieron, vaya uno a saber porque,  ahora se pueden hacer actos de fin de curso con la presencia de los chicos, los padres y lógicamente de quienes les deban entregar  el “titulo”.  ¿Si no podían ir a clases presenciales, en grupos de determinada cantidad de alumnos y un profesor, ahora pueden ir acompañados de dos, papá y mamá?. 

Digan de mi lo que quieran, pero no me salgan con los “protocolos”, salvo que venga el profe de letras, porque eso, en este caso, es un verso.

Y siguiendo en la misma línea de pensamiento: ¿de qué se reciben estos chicos?, si este año casi, casi… no aprendieron nada. Juro que no sé de donde lo saqué, pero me parece que viene justo para esta: “Aquel que no sabe todo lo que le falta saber, puede creer que sabe todo”. Por ahí puede andar la cosa. 

Creo que quienes  impartieron órdenes para que no se dictaran clases, son los verdaderos responsables del tiempo perdido por todos los chicos que no asistieron a la escuela. Tal vez, en un acto de sincero arrepentimiento, han advertido el “pecado”  y ahora le compensan  con un poco de “joda”. Al final ¿Qué es un año para la humanidad? Nada, pero para los chicos y jóvenes un año perdido es muchísimo.

¡Ojo!, no vayan a creer que no valoro el esfuerzo de los docentes de todos los niveles, a quienes obligaban a dar clases y lo que hacían eran “malabares virtuales” para poder remediar la situación.

Hasta mañana.