Esparcimiento

Hoy x Hoy 26 de enero de 2021 Por Pedro Guillardoy

El desarrollo de las redes sociales fueron, para los medios de comunicación, el factor que derribo tiempos y distancias. 

Recuerdo lo que insumía obtener una copia fotográfica de cualquier hecho de interés  periodístico  y todos los pasos hasta su publicación, aun en los medios más avanzados, que contaban con impresión en offset.

Las cámaras digitales aceleraron el proceso y la tecnología aplicada a los aparatos telefónicos permiten que en apenas unos segundos de ocurrido un suceso, las imágenes estén publicadas y pueden ser observadas en cualquier lugar del planeta. Además, una publicación en las redes genera réplicas y debates del que pueden participar quienes lo deseen. 

Con todas esas ventajas, quienes vivimos en un pueblo en donde todos nos conocemos, no perdimos el contacto con nuestros vecinos y mantenemos intacta  la posibilidad  del dialogo abierto y el comentario sobre los hechos cotidianos o aquellos que “rompen el molde”.

Ayer, en la cola de una de las cajas de La Cope me pasó, una vez más, encontrarme con quienes comparten a diario esta columna y recibir, por duplicado, la sugerencia del tema que ahora me ocupa.

Comentaba una “lectora” sobre las madrugadas del pasado fin de semana y preguntaba si seguían vigentes, las restricciones nocturnas. 

Con la respuesta afirmativa, el “interrogatorio” siguió y la referencia fue, entonces, a quienes son responsables de su control y el hacer cumplir lo establecido.

Sus quejas era por los ruidos, las aceleraciones de automóviles y motos  a lo que sumaba el estado en el que circulan algunos “chicos” en la madrugada.

En otro diálogo sobre el mismo tema, alguien me dijo que, aparentemente, la decisión provincial había sido “morigerada” y la noche podía alargarse hasta las cuatro de la mañana, pero que para no entrar en posiciones encontradas con las reglas provinciales no se habían publicado las medidas adoptadas y que eran “cuestiones de cierta permisividad”.

Puedo entenderlo como un hecho vigente, pero no hasta donde puede ser aceptado. Las disposiciones, no importa de donde vengan, son hechas para ser cumplidas y si por las circunstancias particulares de cualquier lugar, merecen ser modificadas, se las modifica y listo. 

Espero que quien sigue mis columnas y comparte casualmente las compras diarias, se entere que es lo que sucede, que eran sus preguntas. Ahora como eso no soluciona el comportamiento de algunos  “chicos” y no tan chicos, creo que las madrugadas de los próximos fines de semana, la encontrarán desvelada, a no ser que se tomen las medidas que corresponden y que el esparcimiento de unos no sea un atentado al descansar de otros.