El riojano innombrable

Hoy x Hoy 17 de febrero de 2021 Por Pedro Guillardoy

Muchas veces, en la vida se van produciendo cambios que no son advertidos pero que marcan actitudes y definen tiempos en la evolución lógica de las personas. Y hay un momento, que  parecería mágico  y es el que produce la partida final. La muerte de una persona, generalmente, hace olvidar la imagen general que los que sobreviven tienen del fallecido y se recuerdan solo los gestos importantes que hacen a “una buena imagen”.

Repasando las tapas de los diarios del lunes último (15/2) se me ocurrió pensar lo que decía en el párrafo anterior, porque para la mayoría, la muerte de Menem rescató de la memoria colectiva  el fin del servicio militar, la política económica, el uno a uno, cierto federalismo político y demás  hechos positivos, pasando por alto “otras cosas”, que como excepción se encargó de actualizar Página 12. 

Haciendo memoria, Menem Presidente pasó en dos oportunidades por General La Madrid. La primera, cuando en plena campaña por su reelección, encabezó el “Tren de la Victoria”. Arribó en un helicóptero que aterrizó en cancha de Racing y de ahí fue hasta la estación del ferrocarril en donde lo esperaba una antigua formación, con el coche presidencial del General, incluido.

Muchos recordarán, 1995 y lo que era el pueblo ese día. Como decía Félix Luna: “cayeron todos los bichos, como en día de difuntos”. Estaban desde los seguidores más cercanos hasta una selecta “fauna” de obsecuentes, incluido El Tula. El tren, que partió desde La Madrid, a media mañana, hizo una rápida parada en cada estación de la línea a Bahía Blanca y en cada lugar reiteró la promesa de “no defraudar”, aunque después…

La otra visita, fue en un momento totalmente distinto y se concretó en Líbano. Los tiempos de Menem y los de Duhalde eran distintos, el divorcio era inminente y la reunión se programó para que la gente creyera que estaban tratando de “salvar la pareja”.

Parafraseando a Hemingway, “Líbano era una fiesta”. Para ese día habían “reparado” el acceso desde la ruta 76 y las banquinas lucían como nunca. Había teléfonos para comunicarse con cualquier lado, estaban todos los medios nacionales con la TV en directo incluido y en grandes carpas se preparaba un almuerzo popular.

Menem llegó, dejó los fondos para comprar una combi, recibió el decreto declarándolo huésped de honor y en una breve reunión se acordó la ruptura de la pareja, sin anuncio de cómo sería el “reparto de los bienes”. Todavía era “El riojano más importante de nuestra historia”.

Después sobrevinieron la segunda vuelta, el abandono, los juicios, el retorno a la “gayola” y surgió la nueva denominación “el innombrable”, claro que como fue elegido Senador, conservó cierto peso político, que ponía en la balanza cada vez que necesitaban su voto y el cambiaba por la  demora en los juicios, la vigencia de los fueros y ese “nunca más” a la prisión prometida y decretada.

Esas fueron las dos visitas de Menem a General La Madrid, de existir una tercera, seguramente la debería pasar en soledad, porque la memoria de los políticos es, muchas veces, frágil y como los tiempos cambian como cambian las convicciones, la llegada de nuevos actores actualiza la cartelera, aunque  el texto de la obra sigue siendo el mismo: “nosotros estamos con el que gobierna, si eligen a otros la culpa no es nuestra” y como decía Groucho “esos son nuestros principios, si no les gusta, tenemos otros”.

Ha muerto un rey, que viva el rey,  pongamos todo a disposición para su velatorio, ya no nos puede molestar. 

Hasta mañana.