Huanguelen en Pagina12

Regionales14/01/2026

La Autonomía de Huanguelen es un tema recurrente a lo largo de décadas y ahora vuelve a tener actualidad por una publicación de Página12. 

En la extensa nota, que firma Andrés Miguel se expone la situación de esa localidad, que dice pertenece a cuatro distritos, incluyendo en la controversia a Daireaux y General La Madrid, que solo son vecinos.

También se dice que tanto General La Madrid como Daireaux “cobran tasas en algunas propiedades rurales de Huanguelen”, dato que merece ser ampliado, explicando que cobran y quienes pagan esos tributos.

Pero al margen de esos “detalles”, la extensa nota es la siguiente

“La localidad que depende de cuatro municipios y fue ocupada por el Ejército durante tres días

Huanguelen, el pueblo sitiado por los militares que lucha por su identidad

Casi cinco mil habitantes sostienen una pelea por la autonomía que lleva más de 80 años. La historia de Rodolfo Gini, el docente asesinado por la Triple A cuya muerte empezó una persecución que siguió en 1976.

Por Andrés Miquel. 10 de enero de 2026 

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Estación de Huanguelen A 500 kilómetros de La Plata, una localidad pelea por su independencia desde hace casi un siglo. (Redes Sociales)

Hay un pueblo bonaerense que pertenece a cuatro municipios y que fue sitiado por los militares durante la última dictadura. Esa es la compleja carta de presentación de Huanguelen, una localidad a casi 500 kilómetros de La Plata.

Un nombre araucano, el asesinato de un maestro a manos de la Triple A que detuvo el tiempo y una batalla histórica por su autonomía que tuvo la toma de la delegación municipal como bandera de guerra, forjan una identidad particular para un pueblo que pelea, paradójicamente, por su propia identidad desde hace casi un siglo.

César González fue y es parte de cada uno de los mojones identitarios de Huanguelén en los últimos 50 años. Recuerda los momentos más oscuros, cuando el V Cuerpo del Ejército tomó el pueblo y llevó a cabo más de cien allanamientos a finales de octubre de 1976. Una operación que días atrás volvió a ser narrada durante el juicio en la Megacausa Zona 5, en el Tribunal Oral Federal de Bahía Blanca. Allí fueron condenados 31 militares.

Un pueblo sitiado por los militares

“¿Vos sos subversivito?”, cuenta que fue una de las primeras preguntas que le hicieron con una pistola en la nuca. Rondaba los 20 años y pasó más de una semana en el Batallón de Comunicaciones 181 de Bahía. Junto a él, conocidos y amigos fueron secuestrados durante la ocupación del pueblo que duró tres días por una única razón: la relación que gestaron con Rodolfo Gini, su profesor de Física y Química de la escuela secundaria asesinado el 2 de diciembre 1974 por la Triple A.

La vida de Gini marcó a Huanguelén y recorre las venas de sus habitantes. Tras el crimen que le arrebató su vida, empezó la persecución. Casi una obsesión, que llevó al Ejército a rodear con tanques y camiones un pueblo de 4.500 habitantes por media semana, secuestrar a la familia del docente y muchos de sus estudiantes.

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Rodolfo Gini El docente platense fue asesinado por la Triple A en 1974. (Gentileza -)

Al entrar al pueblo por la Ruta 60, hay un humilde monolito con una placa que recuerda la vida del maestro asesinado. “Tiene su frase de cabecera: Sin Justicia no hay Libertad”, subraya González que, entre tantas tareas, también se dedica al periodismo. Con aquella premisa, el profesor atravesó el pensamiento de una generación de jóvenes huanguelenses que año a año se reúnen para recordar a un “humanista”, a quien una noche se lo llevaron de su casa frente a su esposa Marta Favini, mientras sus cuatro hijos dormían.

Aquel día del 74, alrededor de las 3 y media de la madrugada, una patota ingresó a la casa de la familia Gini. Maniató a Marta y la encerró en el baño. La última mirada que le regaló su esposo fue estando amordazado y con una ametralladora en la cabeza. Lo fusilaron a 5 kilómetros del pueblo y dejaron su cuerpo tirado con las manos atadas con alambre. González rememora ese momento y dice que “enloqueció”, luego de que Marta llamara a su papá y le contara lo que vivió.

González fue secuestrado dos años después de que un grupo de asesinos entraran a la casa de su profesor y lo llevaran a un descampado para ejecutarlo. Al profesor Gini le pintaron las puertas y paredes de su casa con tres letras A. En el interrogatorio al que sometieron a su alumno, la primera pregunta fue por Rodolfo.

Al igual que González, Susana García Arrouset también fue alumna de Gini. Tiene 70 años, uno más que González. Su hija, Luciana Feliziani García, está al frente de la Biblioteca Popular. Define a Gini como “un tipazo”. “Era un hombre íntegro, fue el primer bioquímico del hospital, el que creó el área de análisis en el laboratorio”, recuerda entre sus aportes. Pero lo más trascendental, dice, eran “los tips” que brindaba a sus estudiantes del Colegio Normal de Huanguelén, para repensar ante la escasa información que había por esos días sobre lo que sucedía en un país convulsionado.

Gini nació el 15 de mayo de 1931 en La Plata. Allí se recibió de farmacéutico y bioquímico después. Militó en la FULP y fue presidente de la Federación Universitaria de Estudiantes Libres. Ejerció la docencia en la capital bonaerense, pero en 1967 se mudó a Huanguelén con su esposa por una oportunidad laboral. Abrió su propia farmacia y no dejó de dar clases hasta sus 43 años, momento en que fue asesinado. Había retomado sus lazos políticos con el Partido Popular Cristiano y se presentó en Coronel Suárez en las listas comunales de la Alianza Popular Revolucionaria como candidato a concejal en 1973.

Susana García habla con un tono que suelta enojo. “Pasaron 50 años y hay gente que no quiere hablar”, afirma. Dice que, tras la muerte de su maestro e, incluso, después de la ocupación del pueblo, sus habitantes no reaccionaron. “Al contrario, hubo gente que se paseaba esos días con los militares marcando casas, que hoy descansen en paz, si pueden”, rememora.

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Imágenes tomadas de la casa de Rodolfo Gini tras su asesinato (Archivo -)

Cada 24 de marzo, el acto oficial por la Memoria, Verdad y Justicia de Coronel Suárez se lleva a cabo en Huanguelén. Luciana y Susana cuentan que, con el correr de los años, al menos van apareciendo más relatos. O retazos. Desde quienes recuerdan como los milicos golpearon la puerta de su casa en aquellos días de sitio, los tanques en las calles huanguelenses, los soldados corriendo por los techos, los gritos, los disparos e, incluso, viajan algunos años atrás y hablan de los dos autos Peugeot que nadie conocía el 2 de diciembre de 1974 y se acercaron hasta la casa de Gini.

Quieren que a Rodolfo Gini se lo recuerde “como persona”. Que no se hable tanto de cómo terminó su vida, que no se le siga dando peso al proceder de la dictadura cívico-militar y sí se haga hincapié en la obra de quien prefieren recordar cómo alguien que sembró un motor de ideas en los adolescentes de un humilde pueblo del interior bonaerense.

García Arrouset no fue detenida por aquellos días porque vivía en Perú. Fue a vivir allí con Luciana de 11 meses luego de que su marido, Rafael Francisco Feliziani Soto. De nacionalidad peruana, el 29 de marzo de 1976 fue secuestrado y asesinado en La Plata. Allí residía con Susana mientras estudiaban. Quince días pasó buscando a su esposo, hasta que encontró su cuerpo en la Jefatura de la Policía Bonaerense. “Fui un jueves santo, me dijeron que los habían enterrado el día anterior, me mostraron una foto e identifique su cara”, relata. Nunca pudo saber qué pasó y por qué lo mataron. Recién en 1977, volvió a vivir con su hija a su Huanguelén natal.

La pelea por la identidad de Huanguelén

Al recorrer documentos, diarios, libros y relatos, no queda claro por qué Huanguelén se llama Huanguelén. Feliziani, como buena bibliotecaria, recomienda husmear sus archivos. Cuando el pueblo cumplió cien años, en 2012, una edición especial del diario Nuevo Día explica que, entre los estudiosos de la materia, determinaron que el vocablo proviene del araucano y significa Lucero del Alba. También se dice que la traducción debería ser, simplemente, Estrella. Incluso, al profundizar en tradiciones de los pueblos originarios, la traducción podría ser Patio de avestruces. Los huanguelenses tienden a optar por la primera opción.

Pero la cuestión de la identidad que ya presenta un tira y afloje con su nombre, también está presente en su pertenencia administrativa. Si bien su casco céntrico está casi en su totalidad bajo la órbita de Coronel Suárez, una calle divide al pueblo con otro distrito: Guamini. Sí, un puñado de habitantes viven en otro distrito por metros. La cosa no queda ahí, ya que desde General La Madrid y Daireaux se cobran tasas en algunas propiedades rurales de Huanguelén.

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Huanguelén, Delegación de Coronel Suárez tomada en 1994 (Archivo -)

Es decir, cuatro municipios tienen incidencia en la vida de los poco más de 5 mil habitantes que hoy tiene una localidad que, para llenar en último casillero de una conflictiva carta de presentación, hace 80 años que pelea por su independencia.

El abuelo de González, Antonio, fue el primer presidente de la Comisión por la Autonomía de Huanguelén. “Fue una lucha que siempre se dio, pero con el advenimiento de la democracia y con un alfonsinismo muy fuerte acá, el tema se hizo carne”, recuerda quien militó en la Juventud Radical. A mediados de la década del ochenta, se presentó un proyecto para la reacción del distrito, “pero lo volteó Elba Roulet”, entonces vicegobernadora de Alejandro Armendáriz.

Para 1991, continúa su relato, fundó una radio junto a unos amigos. “La usamos como elemento de presión y para juntar gente”, dice. La sociedad apoyaba la iniciativa. Por aquellos años, la inundación de Guamini trajo la visita del entonces gobernador, Eduardo Duhalde. “Fuimos en caravana unos 60 kilómetros para hablar con él”, cuenta González. “Vino en el Duahldemóvil”, recuerda mientras que el entonces vicepresidente prometió “volver a Huanguelén cuando sea autónomo”.

Ya en 1994, con Duhalde en búsqueda de la reelección, con la oposición de los municipios vecinos, González asegura que distintos actores políticos sostenían “que estaba todo dado”. Incluso, se había armado un gabinete para llevar las riendas del nuevo partido. Pero, en un viaje del gobernador a Carhué, una comitiva le acercó información de un posible triunfo radical en Suárez si Huanguelén se independizaba.

La nueva reunión con Duhalde no fue buena. “Volvieron los muchachos y nos dijeron que, al tocar el tema les dijo que ni en pedo”, recuerda González. Entonces, la decisión fue unánime y se tomó la delegación municipal. Se cerraron las entradas al pueblo y la comunicación de las acciones se realizaban por la radio. En ese momento, fueron convocados por el vicegobernador Rafael ‘Balito’ Romá. “Nos dijo que en 90 días salía si o si la autonomía, con consenso o sin consenso, por orden de Duhalde”, detalla González de aquel encuentro. Pero no pasó nada.

Para 1995, se volvió a tomar la delegación. De todas maneras, el objetivo no se pudo conseguir y poco a poco el reclamo se desinfló. El actual mandatario de Suárez, Ricardo Moccero, realizó un plesbicito en 2003 para conocer la voluntad de la localidad y la autonomía ganó por el 98 por ciento. Pero los proyectos no avanzan.

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El entonces intendente de Coronel Suárez, Ricardo Wagner, llega a Huanguelén durante las tomas de 1994. (Archivo -)

Actualmente, dice González, la comisión sigue en pie con un grupo de jóvenes que mantienen vivo el reclamo, pero sin peso político. Mucho cambió. Incluso él, que se reconoce peronista, que conoció tarde a Perón, que militó el kirchnerismo y espera un fuerte cambio de rumbo en el gobierno nacional para 2027.

“Queriendo vivir” En la memoria de Huanguelén, Gini es una bandera vivo. Alguien que, además de militante, farmacéutico, bioquímico, político y docente, también le gustaba escribir. Luego de que su cuerpo acribillado aparezca en la fatídica noche del 2 de diciembre de 1974, Marta Favini, su esposa, debió reorganizar su casa. Y su vida.

Revisando la mesita de luz de su esposo, encontró un poema titulado ‘Queriendo vivir’. Sus últimos versos dicen:

Sin embargo, un terror me embarga.

Sus irónicas caras, sus ávidas garras

saben lo que yo sospecho.

Me encontrarán la derrota y la muerte

queriendo vivir

y logrando tan solo que el barco no parta

hasta que mi mirada no se cierre para él.

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