El viejo Colegio

Hoy x Hoy 16 de marzo de 2021 Por Pedro Guillardoy

Hay etapas de la vida que uno guarda en un lugar especial porque de alguna manera han dejado huellas profundas.

Aunque no tuvo la repercusión que sin duda merecía, en la jornada del lunes se cumplieron 75 años de existencia de nuestro querido Instituto Incorporado, Colegio Nacional o como quieran y deba mencionarse.

El establecimiento, que surgió de una inquietud del Cura Párroco y los integrantes de la Acción Católica por un lado y de los miembros de la Cámara Comercial e Industrial fundada pocos meses antes por otro, marcó un momento singular en la historia de la educación del pueblo, porque brindó el acceso a la educación pública y gratuita a quienes de otra forma no podían acceder a continuar estudios de nivel medio.

Si bien, en la primera época se estableció una especie de arancelamiento, pagaba el que podía y quien no tenía recursos para afrontar este gasto, concurría  igual, porque se había establecido un sistema de becas de simple acceso.

En lo personal y por una cuestión de “suerte” ingresé al  original Instituto Incorporado, en el que las materias que no se aprobaban había que rendirlas en Azul. Cuando cursaba tercer año, se oficializó el establecimiento que paso a ser el Colegio Nacional y como nosotros éramos  los mayores, seguimos en esa condición, cursamos cuarto año y al siguiente nos constituimos en la primera promoción de bachilleres del Colegio, aunque antes, en 1957, cinco jóvenes del pueblo  habían completado el ciclo, graduándose como bachilleres del “Incorporado”, primera y única promoción.

Repasando la historia del Colegio se descubre que una vez, en 1953, la política fue a la escuela y mediante un recurso a todas luces incalificable, al Director  Dn. Benito Peredo, a Da. María Castro, a Ruth Etchepare y al Dr. Eleodoro Cortázar, les fue impedido seguir dictando clases y la crisis que la medida produjo fue profunda y casi hizo desaparecer  la escuela. Los buenos oficios de la gente del pueblo y la disposición del Cura Rol, permitieron que los chicos pudieran seguir teniendo esa posibilidad única de trascender en la vida, que es la de estudiar.

Cuando ese lugar con historia, que no solo fue la casa del director de la escuela sino también vivienda del viejo caudillo Manuel Ortega,  resultó chica para tantos estudiantes, la gente de La Madrid, con su aporte solidario, construyó un nuevo edificio que es el mismo al que hoy asisten tantos jóvenes.

Las incomodas instalaciones del “Incorporado” como los amplios salones del actual edificio guardan, en la memoria de quienes fuimos sus ocasionales ocupantes, recuerdos que el tiempo no logra borrar y que en estos días evocamos con nostalgia de los que ya no están y los que por estas cosas no podemos reunirnos y celebrar.

Hasta mañana.