


El pasado de la región central de la pampa bonaerense se encuentra estrechamente ligado a las últimas etapas del período histórico de la Nación comúnmente de-nominado “Conquista del Desierto”.
El concepto “desierto” no era utilizado para definir una tierra estéril, sino para ubicar una amplia zona, entre las que se contaban ricas praderas desconocidas para el conquistador europeo.
Las primeras incursiones hacia ese territorio desconocido tuvieron un carácter evangelizador y luego se fueron transformando, en sucesivas etapas, en avanzadas de civilización.


El límite natural de la frontera hacia el sur estuvo fijado por el Rio salado, pero una vez que este fue superado quedó abierto un extenso espacio fértil y con aguadas naturales, cuyo dominio encendió una cruenta y larga lucha.

En 1862, la fórmula presidencial Bartolomé Mitre – Marcos Paz ganó las elecciones. El 1 de mayo de 1863, ante la Legislatura, Mitre reitera su decisión de solucionar el problema de la frontera. El Coronel D. Ignacio Rivas, a cargo de la Frontera Sur, propone varias veces marchar hasta las Salinas, para atacar a los araucanos allí establecidos, pero finalmente no puede concretar ese plan.
Pese a la caótica situación política, el gobierno dispone la creación de los pueblos de Saladillo y Tapalqué, y luego, General Lavalle, 9 de Julio, Lincoln, etc. La zona sur del río Salado es dividida en 45 partidos.
Se suceden los problemas en la línea fronteriza y durante 1864 y 1865 se registran constantes acciones. Entre las incursiones de los indios se puede mencionar un sangriento ataque al Fortín Vallimanca, el 28 de febrero de 1865. En diciembre del mismo año, indios de Calfucurá invaden la zona de Tapalqué, logrando reunir unas treinta mil cabezas. La pasividad evidenciada por el Comandante General de la Frontera, Coronel D. Benito Machado, determina su reemplazo por el Coronel D. Alvaro Barros, en febrero de 1866.

La amenaza de una invasión por parte de Calfucurá y de su hermano Reiqué Corá, afincado al sur, concluyen en Azul con la firma de un nuevo tratado.
En su obra “Fronteras y Territorios Federales de las Pampas del Sur”, el Coronel D. Alvaro Barros describe las acciones cumplidas.
El Ministro de Guerra y Marina, Coronel D. Martín De Gainza, elabora en esta época un plan para modificar la línea de frontera, ocupando lugares estratégicos como lo eran aguadas y caminos. Encomienda la misión al Coronel de Ingenieros D. Juan T. Ctzetz, quien evalúa la situación y en agosto de 1869 concluye su proyecto. En octubre de ese año se inicia el avance que finaliza en enero de 1870.

La División Sur, partiendo del Fortín Rodríguez, se continúa con los Fortines: Vigilancia, Brandsen, Zelaya, Frías y Sanquilcó (también llamado Lavalle Sur) en territorios limítrofes al actual Partido de General La Madrid.
A continuación de esta línea y constituyendo el denominado sector Costa Sur, se establecen los fortines Aldecoa, Defensa, Necochea y Libertad, todos en el actual territorio del Partido de General La Madrid. Es indudable que el plan diseñado era netamente defensivo, estando cada fortín a cargo de un oficial, como comandante y una variable cantidad de hombres, según la importancia del lugar.
Las incursiones de los indios, a pesar de todo, seguían produciéndose. El 14 de junio de 1870, Calfucurá encabeza un sangriento malón hacia la zona de Tres Arroyos, capturando hacienda que traslada hacia la región de los Fortines Libertad y Necochea. En represalia al hecho, el Coronel D. Julio Campos, jefe del sector Costa Sur, marcha al encuentro de los invasores, logrando, pese a las dificultades, la recuperación de mucho del ganado capturado por los indios. El jefe militar, consideró a este malón como uno de los más importantes producido desde 1855.
La inseguridad se prolonga hasta marzo de 1872, cuando en las proximidades de la actual ciudad de Bolivar se libra la Batalla de San Carlos. En ella las tropas del General Rivas con el apoyo de los indios de Catriel y Coliqueo, derrotan a las huestes de Calfucurá, marcando con esta acción el ocaso del indio chileno, que retirado luego a los toldos de Chiloé, al oeste de las Salinas, muere, con avanzada edad, el 4 de junio de 1873. La consigna dejada a sus herederos era “no abandonar Carhué al huinca”. El “Parlamento” realizado designa sucesor a su hijo Namuncurá.
En 1874, las elecciones convocadas eligen presidente de la Nación a Nicolás Avellaneda, quien se impone a Bartolomé Mitre. Este no acepta el resultado adverso y organiza algunas acciones militares, con el apoyo del General Ignacio Rivas y el Cacique Cipriano Catriel, en la Provincia de Buenos Aires, y el General Arredondo en Mendoza. Los sublevados son derrotados por el Coronel Arias, en la Batalla de La Verde (Buenos Aires) y por Julio A. Roca en Santa Rosa (Mendoza). Luego de este revés, Cipriano muere asesinado, sucediéndolo su hermano Juan José.
Sofocada la rebelión, el doctor Adolfo Alsina, Ministro de Guerra y Marina, de- signado por Nicolás Avellaneda, elabora un plan destinado a fortalecer las fronteras y producir su paulatino avance.
Dicho plan consistía básicamente en el avance sucesivo de una línea fortificada hasta llegar al Rio Negro. Se proponía mediante este sistema erradicar paulatinamente el peligro del indio haciendo “difíciles las pequeñas invasiones e imposibles las grandes”

La nueva línea de fronteras cubriría los lugares en los cuales tradicionalmente la indiada acampaba, descansaba y se preparaba para realizar sus períodicas invasiones, y donde, luego de producidas aquellas, buscaban seguro refugio. Además, en esos paraderos se contaba con aguadas y pasturas propicias para las caballadas.
Precisamente, para desbaratar el sistema logístico del indio, Alsina ordenó que la nueva línea ocupara los puntos de Carhué, Guamini, Puán y Trenque Lauquen.
Las divisiones Norte y Oeste, mandadas por los Coroneles Conrado Villegas y Marcelino Freyre, desde los fortines de la antigua línea: el Lavalle norte (Ancaloo), hoy General Pinto, y el San Carlos, hoy Bolivar, para ocupar Laguna Redonda, hoy Trenque Lauquen, y Laguna del Monte, hoy Guamini, respectivamente.
Para asegurar la tranquilidad de las zonas interiores de la nueva frontera, el Dr. Alsina firmó un tratado con la única tribu levantisca que quedaba dentro de ella, la de Catriel, que acampaba en la del Arroyo Nievas, en el Azul. Por dicho documento, Catriel se iba a trasladar, a cambio de raciones y otras ventajas, hacia el suroeste bonaerense.
Enterados los jefes indígenas del trazado de la Nueva Frontera, y del peligro evidente que para ellos implicaba, comprendiendo además que el desplazamiento de Catriel significaba un rudo golpe para sus pretensiones de dominio, iniciaron a fines de 1875 una gran sublevación en la que participaron Catriel, acompañado por el jefe general Namuncurá, y las tribus de Baigorria, Pincen y mil indios chilenos al mando de Reuque-Curá, hermano de Namuncurá. En total 3500 lanzas.
El fin mas evidente de la misma, era evitar la instalación de la nueva línea, que debía iniciarse en marzo de 1876. Para ello, en un último y supremo esfuerzo, proyectaron la gran invasión por las Horquetas del Sauce Corto, para salvar a Carhué, como lo había ordenado Calfucurá, al expirar en Salina Grandes.
Los Coroneles Nicolas Levalle y Salvador Maldonado, habían concentrado en los campos próximos a Sanquilcó y laguna Paraguil las divisiones Sud y Costa Sud, con toda la hacienda vacuna y caballar, necesaria para la expedición, que se presentía resistida por las fuerzas indias para impedir el avance y ocupación de Carhué.
Para esta acción la Confederación Araucana contaban con 3500 lanzas además de armamento del gobierno, que se había llevado el Cacique Catriel, al desertar del pacto de amistad concertado en Azul.
“El 1 de enero de 1876, las divisiones Sur y Oeste, a órdenes del Teniente Coronel Vintter, en la laguna de “La Tigra”, con el grueso de las indiadas que habían penetrado en apoyo de Catriel; las mismas fueron perseguidas hasta el paso del Sauce”. “El día 2 de enero del mismo año, el coronel Villegas, procedente del Fuerte Lavalle, derrotó, al oeste de San Carlos a unos doscientos indios que, conduciendo un malón, se retiraban del Partido de Alvear”. “El 10 de marzo, el Teniente Coronel Salvador Maldonado, con la División Costa Sur batió a unos dos mil indios en las Horquetas del Sauce. Los salvajes eran mandados por el Cacique Rumay, hermano de Namuncurá”. “El día 12 de marzo, el Teniente Coronel Donovan, al frente de doscientos infantes y un piquete de caballería, resistió y rechazó luego a la indiada anterior que, rehecha, lo había atacado dos días más tarde”.
Finalmente, el día 18 de marzo, las divisiones Sur y Costa Sur, mandadas por el Coronel Levalle, sostuvieron un sangriento encuentro con una indiada calculada en tres mil lanceros, en los campos de la Laguna de Paragüil...”
El combate de Paragüil
El combate se produjo en la mañana del 18 de marzo de 1876, cuando toda la región de la Laguna Paragüil y el Sauce Corto, estaba cubierta por una cerrada cortina de niebla. Las circunstancias mencionadas hicieron que la lucha debiera realizarse cuerpo a cuerpo y dentro de una total confusión. Al abrirse la cerrazón el Coronel Levalle se encuentra formando cuadro, rodeado por la indiada, y hubiera perecido o caído prisionero, si no entraba a tiempo el Coronel Maldonado con su división, rompiendo el cerco pero quedando, ambas divisiones de a pie, ya que toda la caballada había sido disuelta por la indiada. Las fuerzas araucanas fueron dispersadas y puestas en fuga, pero la división del Coronel Levalle debió regresar a pie al Fuerte Sanquilcó. En estas circunstancias, el Ministro de Guerra, presente en el lugar comprobó el espíritu que animaba a estas tropas.
Dice Walter en “La Conquista del Desierto” sobre este combate: “Rechazados los salvajes en todo el frente se retiraron prontamente al desierto, poniendo buena distancia entre las tropas nacionales y sus toldos”. (...) “esta derrota marcó para Namuncurá el principio de su ocaso, porque ella fue precursora de otras mayores que sufriría, en las que poco a poco iría perdiendo su fama, poder y chusma (familia de los salvajes). Ocurría que a su frente el gobierno disponía de mayores medios, jefes experimentados y capaces en la lucha contra el salvaje por sobre todo con un gran valor y tenacidad que era el mejor incentivo para ir tras el bárbaro, que a sangre y fuego destruía los pueblos y cautivaba familias.

Repuestas las tropas nacionales de esta dura prueba a que la sometió el salvaje, pronto se reanudaron los preparativos para el interrumpido avance de la frontera”. El gobierno de Buenos Aires, encabezado por Carlos Casares, acudió inmediatamente en ayuda de las tropas nacionales, sancionando la Ley 1023, del 24 de marzo de 1876, por la que se asignaba un total de tres millones de pesos moneda corriente para la compra de caballos con destino a las tropas de frontera.
La marcha desde Sanquilcó hacia Guamini, Puán y Carhué se inició pocos días más tarde, extendiendo los límites de la “civilización” y dejando libres y aptos para la producción agrícola y ganadera a estos fértiles campos de la pampa bonaerense.
Con la victoria lograda en Paragüil, Alsina comenzaba a concretar su ambicioso plan, pero su salud empezaba a quebrarse y en noviembre de 1887 debió regresar a la ciudad de Buenos Aires para transcurrir en ella sus últimos días. En horas de la tarde del 29 de diciembre de 1877, moría Adolfo Alsina. Se extinguía la vida del político, que como Belgrano, por servir a la Patria se había transformado en jefe militar.






