


El pasado jueves (26/3) la sesión ordinaria del HCD no concluyó con el temario previsto, ya que se habían acordado dos mociones de orden.
La primera, a cargo de la concejal Andregnette y la otra por parte de su colega Scabuzzo, giraron sobre el mismo tema, los 50 años del último golpe militar, aunque con visiones diferentes.
La edil de Fuerza Patria tuvo duros conceptos sobre el golpe de estado y el gobierno militar, mientras que Scabuzzo recorrió lo sucedido durante varios años, reivindicando el papel del radicalismo en esos tiempos. Esto es lo que dijo Scabuzzo.



“Ésta moción de orden pretende ya no buscar culpables del horror, sino más bien hacernos reflexionar sobre las decisiones e indecisiones que provocaron el devenir de nuestro país.
Como sujetos con una responsabilidad política local y más aún como ciudadanos, tenemos la obligación de estudiar los motivos que moldearon nuestra historia.
El contexto político internacional desde finales de 1960 aceptaba la violencia armada como herramienta para conseguir el poder con la Revolución cubana como faro, y su contrapartida eran las dictaduras que cubrían Latinoamérica en general y nuestra región en particular.
Argentina era un país acostumbrado culturalmente a que la interrupción democrática sea una opción posible ante cualquier inestabilidad política, social, económica o incluso de mercado.
A principios de la década del 70, agrupaciones de izquierda y la facción representada en el peronismo comenzó a tomar acciones violentas para combatir la dictadura que inició con el General Onganía y terminó con el General Lanusse entregando la banda Presidencial a Héctor Cámpora. Lejos de apaciguar el agitado panorama político, meses después, el regreso al país de su máximo líder, el General Perón tuvo como cuadro de situación a extremistas de derecha abriendo fuego contra las agrupaciones de su mismo partido identificadas con la izquierda. El resultado; aún no se sabe el número de muertes, estimado en un centenar.
El turbulento panorama político pareció resolverse con la elección de Juan Domingo Perón como Presidente de la Nación, secundado por su esposa como Vice, en una de sus decisiones más cuestionadas: una persona sin experiencia en gestión, sin liderazgo dentro del partido y fuertemente influenciados por individuos como José López Rega.
Luego de la muerte del máximo líder político de masas, las dos facciones extremas del partido peronista se sumieron en una espiral de violencia donde los asesinatos, los secuestros extorsivos y las bombas regaron de sangre las instituciones y las calles. Desde la izquierda de Montoneros y el Ejército Revolucionario del Pueblo y desde la derecha con La Triple A amparada en los más altos estamentos del Estado nacional hubo más de 2.000 atentados desde Mayo de 1973 hasta Marzo de 1976, a razón de 2 o 3 por día.
Un punto de inflexión, según los estudiosos del tema y algunos de sus protagonistas, fue la masacre de Monte Chingolo, donde murieron más de 100 extremistas en un intento de copamiento del Regimiento militar que se sabía que iba a ocurrir.
En el medio, parte del empresariado decidió no intervenir y más aún, se expresaron como Jorge Antonio ante la prensa diciendo: ¨No creo para nada en el sistema aplicado durante éstos 3 años. Creo sí en la comprensión recíproca del pueblo y las Fuerzas Armadas. De esta manera, todos juntos, podremos sacar al país adelante.¨
Parte de la prensa hizo lo propio, con titulares como ¨El final es inminente¨, o ¨Qué piensan hacer las Fuerzas Armadas?¨,¨Estamos en Guerra: 1358 muertos¨.
Sólo un puñado de líderes políticos fomentaron reuniones e intentaron impulsar una solución conjunta a la crisis política y económica que sufría el país, encabezados por Ricardo Balbín, que dijo: ¨Todos en el país están trabajando en este momento para encontrar las más levantadas soluciones que alejen todo peligro de alteración institucional, porque no lo merece el país y porque serían muchos los daños y las graves consecuencias que sobrevendrían¨.
Una vez consolidado el golpe, a la violencia política se le sumó el control absoluto de muchas libertades, se intervino la cultura, la educación y los tormentos entre argentinos se multiplicaron sin cesar.
Durante el gobierno militar, uno de los pocos abogados que se animaron a presentar Habeas Corpus reclamando se investigue el paradero de los desaparecidos, fue Raúl Alfonsín junto a otros radicales como Amaya, Solari Irigoyen y Karacachoff y fue quien determinó a escasas horas de asumir la Presidencia, la conformación de la CONADEP (Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas)
Este grupo de valientes, se encargaron de recopilar los testimonios de cientos de personas y descendieron a los más oscuros infiernos de la miseria humana, inmersos en una guerra fratricida que se practicó sin códigos marciales. No voy a ahondar en los horrores practicados, ni voy a realizar juicios de valor al respecto.
Con esta moción de orden pretendo acentuar la base de este doloroso derrotero que hemos transitado como país, el aprendizaje último y final de esta historia que como pueblo debemos repetir incansablemente: Nunca Más violencia política y Nunca Más un Estado por fuera de la Ley”.





