La verdad y las falacias.

Hoy x Hoy 25 de marzo de 2022 Por Pedro Guillardoy

La Ley 25.633, sancionada en agosto de 2002, institucionalizó al 24 de marzo como el Día de la Memoria por la Verdad y la Justicia, conmemorando hechos producidos a partir de esa fecha en el año 1976, cuando un gobierno de facto asumió el poder, destituyendo a uno de carácter democrático.

Si bien el Parlamento nacional es quien aprobó esa ley, la fecha es un tanto relativa, porque el proceso de degradación y la violencia se habían desatado mucho antes.

Los enfrentamientos, los ataques a personas o instituciones, se repetían con inusitada frecuencia y simplemente con revisar los periódicos de esa época se puede advertir como era la situación en aquel momento y los fundamentos que se utilizaron para alterar el orden jurídico e individualizar a quien ordenó la violencia estatal.

En  el período 76-83  la degradación institucional llegó a niveles sorprendentes y culminó con una guerra descabellada que tantas vidas inocentes costó.

El regreso a la democracia se produjo en un momento especial y la Nación recuperó su autodeterminación y lo que es más importante, por decisión de las autoridades electas por amplia mayoría juzgó a quienes fueron artífices del genocidio.

El paso del tiempo, como siempre sucede, dejó el testimonio de quienes fueron protagonistas de los hechos o de quienes por contemporaneidad, guardan memoria de lo que directamente les toco ver, y está también el relato intencionado de quienes aprovecharon la situación para escribir una historia, que en algunos pasajes está poco emparentada con los sucesos reales.

No puede ser lo mismo haber asumido el riesgo de juzgar a la cúpula militar con el peligro de sus vidas , que  protagonizar, mucho tiempo después, hechos de repercusión mediática pero  con los militares presos o desarmados. 

Pero al margen de estas consideraciones, que pueden ser intrascendentes, el 24 de marzo como hecho digno de memoria debería ser un hito que nos convoque a todos los argentinos y nos deje alineados en torno al “nunca más”.

Por eso, desde lo personal, me sorprendió que la conmemoración en el orden local no tuviera la trascendencia, que sin ir más lejos, tuvo el año anterior, cuando se plantaban árboles que tuvieron y tendrán por siempre un valor simbólico superior, porque a la muerte se la conmemoró con vida.

Y en el ámbito nacional, las distintas conmemoraciones, con un sentido que nada tienen que  ver con la Memoria y mucho menos con la verdad y la justicia. 

Darle un carácter político partidario ofende y menoscaba el sentido de las vidas perdidas por la sinrazón, cualquiera haya sido el lugar que ocupaban y el ideal que los impulsó a ofrendar lo más preciado de un ser humano. Me parece que en lugar de honrar la verdad se ha incurrido en una enorme falacia.