Ideales y reales

Locales 28 de noviembre de 2020 Por Pedro Guillardoy

Las Municipalidades son definidas como "corporaciones autónomas de derecho público, con personalidad jurídica y patrimonio propio, cuya finalidad es satisfacer las necesidades de la comunidad local y asegurar su participación en el progreso económico, social y cultural de las respectivas comunas".

El municipio es un espacio territorial, social y político. Está conformado por el gobierno local, la población que lo habita y una determinada extensión de territorio (Sería lo equivalente a país). En tanto, la municipalidad es el gobierno local conformado por el Departamento Ejecutivo -que encabeza un intendente- y el Departamento Legislativo (el Concejo Deliberante). ¿Estamos de acuerdo?  

Entonces una municipalidad ideal sería aquella que percibe la totalidad de las tasas por servicios que los habitantes/contribuyentes deben afrontar  y  las contribuciones que por el régimen de coparticipación en impuestos nacionales y provinciales deben recibir, más lo que corresponda por leyes especiales. Con esos recursos las autoridades designadas por el voto de los habitantes del municipio, deberán prestar todos los servicios que requiere la comunidad  y proyectar un futuro de progreso social, educativo y cultural que escape de las obligaciones de los gobiernos superiores.

Pero como eso nunca se da, es que hay municipalidades reales, con falencias, manejos poco claros, sobredimensionados y necesidades múltiples. Ojo, esto no es achacable a la política, sino a los políticos.

En el caso nuestro, hasta el retorno de la democracia la estructura de la municipalidad  debía ajustarse a  la categoría que se le había asignado  (un Intendente, tres secretarios, tantos directores, etc., etc.) A partir del 83’ la estructura se determinaba por lo que pedía el Intendente y lo que votaban los concejales. De a poquito, el número de agentes fue creciendo hasta llegar a un volumen impresionante.  

Esta Municipalidad esta sobre dimensionada. Todos lo reconocen, pero cuando los que antes se quejaban llegan al poder, no resisten traer algún amigo o gente de su confianza y como los que estaban antes no se van y tampoco se los puede cesantear, el numero crece y cada vez es más difícil gobernar. 

Los presupuestos, siempre muy parecidos a los anteriores, van perdiendo equilibrio y resulta que los ingresos son los mismos y la masa salarial se acrecienta. Para tener una idea,  el salario representa un porcentaje que oscila entre el 65% y el 70%. O sea los salarios  dejan apenas un 30% o 35% para atender la salud del pueblo, arreglar los caminos, mantener edificios públicos,  pagar combustibles, hacer algo por la cultura y la educación, asumir gastos de seguridad y muchas otras cosas. 

Por eso me preocupa que no se tome conciencia de la realidad y por el contrario se sigan proyectando “fiestitas” que no sabemos cuánto cuestan y lo peor, se inventan nuevos puestos y otros gastos. Lo que sí es digno de asombro es la habilidad que existe para generar continuos “agujeros” al maltrecho presupuesto.

El jueves, el HCD aprobó, por unanimidad, la creación de un programa de becas deportivas y culturales y no digo que este mal, por el contrario, yo también estoy de acuerdo, Ahora, ¿de donde van a salir los fondos?

Si se “cargan” al hipotético 70% de los sueldos, los “compañeros” municipales cada vez van a ganar menos. Si por otro lado se recurre a  lo poco que  queda para “todo”, inexorablemente llegará el momento que no quedará ni una moneda y entonces la municipalidad se habrá convertido en una fuente de trabajo muy mal remunerado, aunque escaso por la falta de herramientas e insumos para lo que haya que hacer.

Como salida, se me ocurre que se podría pensar en cambiar el enfoque actual de la función municipal y tratar que de a poco se acerque a la “ideal” y se aleje de la “real”.

No es difícil, hay que tomar la decisión política y darle para adelante, pero siendo conscientes que se puede chocar. ¿Se animarán?.