Una noticia inesperada.

Hoy x Hoy 26 de mayo de 2021 Por Pedro Guillardoy

Si bien estábamos advertidos, al menos a mí y a quienes constituyen mi círculo más cercano, la
pandemia nos sorprendió y pese al año y pico transcurrido hay cosas nos eran habituales que
ahora no podemos disfrutar y no sé si volverán a ser parte de nuestras rutinas. El cambio ha sido
profundo y en algunos aspectos dolorosos. Por citar un solo ejemplo el aislamiento y la falta de
“encuentros” con la gente del pueblo. Sin darnos cuenta hemos dejado de ver a personas con las
que antes nos cruzábamos y expresábamos ese interés mutuo que surge de la simple pregunta
¿Cómo andas? y el no vernos en forma cotidiana hace que las noticias relacionadas a esa gente
nos agarre desprevenidos.
Pasó en mi casa, la noticia del fallecimiento de Raquel nos tomó desprevenidos. El vinculo no era de amistad, simplemente era alguien del pueblo, a la que conocíamos de hace muchos años y con la que cruzábamos saludos y muchas veces nos interesábamos, mutuamente, de “las cosas” que nos pasan.
Un día llegó a La Madrid con un proyecto de familia, que fue tomando forma con la llegada de sus hijos y por cuestiones de la “sin razón” y la extrema violencia, un día recibió a otro miembro de su familia.
Una mañana, otro golpe inesperado la privó de la otra mitad de su pareja y pese a todo y contra
todo, crió y guió a sus hijos sin descuidar su profesión de maestra.
Cuando fue convocada para ocupar un lugar en la gestión pública, acudió con el espíritu abierto
para trabajar en procura de mejorar las condiciones que nos tocaban vivir. Eran momentos muy duros y cuando “las olas empezaron a mover el barco”, como siempre sucede, las ratas abandonaron la nave y fue de los pocos que cumplieron con el compromiso y estuvo al momento del “cambio de tripulación”.
Con esto de quedarme en casa y como a muchos, seguro, les sucede, no había percibido el tiempo
que había pasado sin verla. Creo que la última vez que nos cruzamos fue en la Coope y me
encomendó sus saludos para quien había compartido esa aventura que significa, en este país, ser docente.
Debe ser una cuestión relacionada con lo generacional, pero estas noticias que llegan en forma imprevista son altamente traicioneras y cuesta reponerse, más cuando se vincula a quien supo ganarse el respeto de la comunidad toda.
Se ha ido una persona que será recordada como alguien que tenia por profesión la de enseñar,
aunque lo de la partida puede ser algo cuestionable, porque seguro ha de permanecer en la memoria de quienes la trataron y recibieron el fruto de sus enseñanzas y pese al paso del tiempo guardan el mejor de los recuerdos y el afecto que alguna vez supo despertar esa señora vestida de blanco.